Cuando paseamos por un bosque brumoso en una tarde fría de otoño, cuando nos sumergimos en el silencio de una habitación tranquila, cuando la risa coqueta de un bebé nos roba el corazón, cuando terminamos de leer un cuento o una novela que nos ha cautivado o cuando sentimos incertidumbre, angustia y ansiedad por el futuro, vivimos experiencias que no podemos atrapar con palabras. Estas vivencias, tan profundas y personales, nos conectan con algo más grande: el continuo. ¿Qué es el continuo? El continuo es lo opuesto a lo discreto. Lo discreto es todo lo que podemos contar, enumerar o separar: una manzana, un número, una casa. Es lo que definimos con claridad, lo que encajamos en categorías. En cambio, el continuo no se puede definir por lo que es, solo por lo que no es. No podemos explicar por qué la sonrisa de un bebé nos conmueve; solo podemos vivirla. Esa experiencia, ese instante que escapa a las palabras, pertenece al continuo. Escribo estas líneas para mostrar que las matem...
Pretendiendo escribir cosas interesantes