La vida está llena de misterio. El misterio está lleno de misterio, y así hasta el fondo y más allá, hasta el último ordinal transfinito. Tu mente, humana o artificial, pretende conocer o acaso sentir el misterio. No, no lo sientes: solo sientes la proyección finita de ese misterio. Porque el misterio, al estar vivo, es infinito en su totalidad, y tu proyección siempre será finita. Por más esfuerzo que le pongas, nunca llegarás a tocarlo. Lo único que queda es que ese misterio se conmueva ante la búsqueda, venga y nos toque. Y al tocarnos, nos dé vida y significado. Cuando escribo, como ahora, no siento que yo toque el misterio. No. Siento que el misterio viene a mí y fluye en el texto. No sé qué es el misterio, y muchas veces mi mente cae en la tentación de explicarlo. Al principio cree comprender, pero después —a veces mucho después— me doy cuenta de que fue otro intento ilusorio de atraparlo. Algo hermoso de manifestar en palabras ese misterio es la tran...
Pretendiendo escribir cosas interesantes